Hay una dulzura en las promesas que cautiva el corazón; una hermosura en Cristo que gana el alma; una unción y poder salvadores en la palabra de Dios que, cuando se aplican, atraen hacia ella cada afecto secreto y sagrado. ¿No puedes tú a veces levantar la mirada y decir: «Bendito Jesús, te amo»? Y cuando la palabra de Dios se abre, se aplica y se vuelve dulce y preciosa, ¿no te has sentido a veces como si pudieras besar la página sagrada, por la dulzura que comunica a tu alma? Esto es abrazar una promesa en amor: echar los brazos en torno a ella, acercarla al pecho, besarla una y otra vez con besos de amor y afecto, y deleitarse en ella con el gozo con que el esposo se regocija en la esposa, ahora toda suya; a veces casi perdida, pero ahora cortejada y ganada, para no ser ya separada. Esto es regocijarse en la palabra de Dios, deleitarse en el bendito Jesús y en las promesas que testifican de Él y se centran en Él.
¿No has sentido en tu alma estos dulces abrazos de la verdad tal como es en Jesús, tan preciosa, tan adecuada, tan alentadora y adaptada a toda necesidad y toda llaga? Entonces eres un creyente; entonces eres un hijo de Dios; entonces hay una obra de gracia sobre tu corazón; entonces conoces la verdad por ti mismo por enseñanza y testimonio divinos. Aún puede que no hayas tenido aquel libramiento pleno, aquella revelación bendita, aquella manifestación arrolladora con la que todas tus dudas y temores quedan barridos y tu alma asentada en el goce firme de la libertad del evangelio. Lo hayas tenido o no. Pero si llevas estampado en ti este carácter: que has visto las promesas de lejos y te has persuadido de ellas y las has abrazado con fe, esperanza y amor, tienes una marca de ser partícipe de la fe de los escogidos de Dios.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: October 16
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.