Pensamientos vespertinos

Seguir a Cristo es compartir su cruz cada día

Cristo fue un Salvador que llevó la cruz, y sus discípulos están llamados a tener comunión con él en sus padecimientos, un privilegio que los ángeles nunca alcanzaron.

La vida de nuestro amable Señor fue una vida de continua prueba. Desde el momento en que entró en nuestro mundo quedó unido al sufrimiento y se identificó con él en sus casi innumerables formas. Parecía haber nacido con una lágrima en los ojos y una sombra de tristeza en el rostro; fue profetizado como varón de dolores y experimentado en quebranto. Desde el instante en que tocó el horizonte de nuestra tierra, desde ese instante comenzaron sus sufrimientos. No vino a disfrutar de una vida de tranquilidad y reposo; no vino a beber la copa de los deleites terrenales ni aun celestiales, pues aun esta última le fue negada en la hora de su agonía prolongada en la cruz. Vino a sufrir, a llevar la maldición, a agotar la profunda copa de la ira, a llorar, a sangrar, a morir.

Nuestro Salvador fue un Salvador que llevó la cruz; nuestro Señor fue un Señor que padeció. ¿Y habría de esperarse que quienes habían ligado su destino al suyo, quienes se habían declarado sus discípulos y seguidores, anduviesen por senderos diversos de los de su Señor? Él mismo habla de la incongruencia de tal división: el discípulo no es más que su maestro, ni el siervo más que su señor; basta al discípulo ser como su maestro. No puede haber verdadero seguimiento de Cristo como ejemplo si lo perdemos de vista como Cristo sufriente, como Salvador que llevó la cruz. Debe haber comunión con él en sus padecimientos. Así como él se despojó a un cuerpo de sufrimiento para entrar plena y compasivamente en las aflicciones de su pueblo, así nosotros, para tener simpatía con Cristo en sus dolores, debemos en cierta medida pisar el sendero que él pisó.

He aquí una razón por la cual ordenó que por esta áspera senda peregrinaran todos sus santos: deben ser semejantes a su Señor; son uno con él, y esta unidad solo existe donde hay mutua simpatía. La iglesia ha de ser iglesia que lleva la cruz, iglesia afligida. Su Cabeza gloriosa no buscó ni halló reposo aquí; este no fue su descanso. Volvió las espaldas a los placeres, las riquezas y los lujos de este mundo, prefiriendo una vida de oscuridad, pobreza y sufrimiento. El apóstol Pablo considera esto como un privilegio: a vosotros se os ha concedido, a favor de Cristo, no solo creer en él, sino también padecer por él. Bienaventurado el hijo afligido de Dios que es llevado a contemplar la disciplina de su Padre como un privilegio: beber de la copa que Cristo bebió, llevar parte de la cruz que él llevó, pisar en alguna medida el camino que él pisó, es un privilegio que los ángeles nunca alcanzaron.

Fuente y atribución

Autor original: Octavius Winslow

Título original: Evening Thoughts - September 25

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.

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