Deberíamos seguir a nuestro Señor sin vacilación, así como las ovejas siguen a su pastor, porque Él tiene derecho a llevarnos a donde le plazca. No somos nuestros, hemos sido comprados por precio; reconozcamos los derechos de la sangre redentora. El soldado sigue a su capitán, el siervo obedece a su amo; con mucha mayor razón debemos seguir a nuestro Redentor, de quien somos posesión adquirida.
No somos verdaderos a nuestra profesión de ser cristianos si cuestionamos el mandato de nuestro Guía y Comandante. La sumisión es nuestro deber, pero la objeción es nuestra necedad. A menudo podría nuestro Señor decirnos como a Pedro: "¿Qué a ti? Sígueme". A dondequiera que Jesús nos lleve, Él va delante de nosotros. Si no sabemos a dónde vamos, sí sabemos con quién vamos. Con tal compañero, ¿quién temerá los peligros del camino? El viaje puede ser largo, pero sus brazos eternos nos llevarán hasta el fin.
La presencia de Jesús es la garantía de la salvación eterna; porque Él vive, también nosotros viviremos. Deberíamos seguir a Cristo con sencillez y fe, porque los caminos por donde nos conduce terminan todos en gloria e inmortalidad. Es verdad que pueden no ser caminos llanos; pueden estar cubiertos de agudos y pedregosos tropiezos, pero conducen a "la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios". "Todas las sendas de Jehová son misericordia y verdad para los que guardan su pacto".
Pongamos plena confianza en nuestro Guía, ya que sabemos que, venga prosperidad o adversidad, enfermedad o salud, popularidad o desprecio, su propósito se cumplirá, y ese propósito será un bien puro y sin mezcla para cada heredero de misericordia. Hallaremos dulce subir la ladera desabrigada del monte con Cristo; y cuando la lluvia y la nieve nos azoten el rostro, su amado amor nos hará mucho más dichosos que los que se sientan en casa a calentarse las manos en el fuego del mundo. Hasta la cumbre de Amana, a las guaridas de los leones, o a los montes de los leopardos, seguiremos a nuestro Amado. ¡Precioso Jesús, atráenos, y correremos tras de ti!
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: September 18 — Evening
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.