La crianza cristiana

Seis pilares para una crianza cristiana eficaz

Seis principios prácticos para una educación cristiana eficaz, desde el fundamento de las promesas de Dios hasta la disciplina y el castigo conforme a la Escritura.

La NATURALEZA de una educación cristiana eficaz es lo que corresponde notar a continuación. Y aquí no nos detendremos en temas generalmente reconocidos, como la pronta obediencia y el honrar a los padres, sino que más bien señalaremos cosas que con demasiada frecuencia se descuidan.

1. Lo primero es conocer rectamente el verdadero fundamento de nuestras esperanzas de éxito. No es otro, más sólido, que las seguras promesas de la Palabra de Dios, muchas de las cuales son muy preciosas para el corazón de un padre cristiano. Conocer debidamente este fundamento, y edificar sobre él con humildad y sencillez al poner por obra estas promesas, las cuales, mediante la fe, la oración y una conducta consecuente, aguardan pacientemente a Dios para que las cumpla en su propio tiempo, constituyen un importante primer paso hacia una educación eficaz.

2. Debemos unir a esto una clara visión de la única causa gobernante del éxito: la gracia libre y abundante de Dios nuestro Padre. Todos sus hijos nacen, no de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de hombre, sino de Dios. Aquí está el origen, aquí la fuerza que sostiene y continúa, aquí el triunfo final de todos nuestros esfuerzos; y cultivar el hábito de mirar constantemente a Dios y depender habitualmente de él, en la oración diaria, en cada instrucción y en cada plan formado para nuestros hijos, es un principio fundamental para obtener su bien espiritual. La fe y las oraciones de un padre son especialmente prevalecientes ante nuestro clemente Redentor —Marcos 9:23-24.

3. Otro punto importante es que nuestro ojo sea sencillo al buscar primordialmente su bienestar espiritual. Un principio rector y controlador en la educación debería ser buscar primeramente el reino de Dios y su justicia para nuestros hijos. Esto debería influirnos en cuanto al lugar en que los situemos, la compañía a la que los presentemos, los libros que deseamos que lean, la situación que anhelamos para ellos y, en fin, en todo cuanto hagamos concerniente a ellos.

4. El uso diligente y recto de los medios de gracia es una ayuda importantísima para los hijos, tales como la lectura diaria de las Escrituras, la oración, los hábitos de examen personal y la asistencia regular al culto público. Pero además de todos estos medios, el más importante, acaso, es aquella constante inculcación de la verdad divina a la que tan claramente se nos dirige en las Escrituras: "Estos mandamientos que hoy te doy deben estar en tu corazón. Has de enseñarlos con diligencia a tus hijos. Hablarás de ellos cuando te sientes en tu casa y cuando camines por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes. Átalos como señales en tus manos y únelos en tus frentes. Escríbelos en los postes de tus casas y en tus puertas." Deuteronomio 6:6-9

La instrucción particular de los hijos por sí mismos, y la conversación privada e individual de una madre con ellos, son también de gran importancia.

5. La disciplina es materia de constante necesidad. Un hijo bien disciplinado es el mejor regalo que un padre puede ofrecer a su país. En tanto que los hijos dejados a sí mismos, y sin hábitos asentados de aplicación paciente y constante, suelen ser fuente de muchos problemas para sus semejantes. La disciplina buscará constantemente restringir, contener y someter todo lo malo o que conduzca a lo malo, y animar y alentar todo lo bueno. Cada día trae nueva ocasión para su ejercicio, en cuanto al apetito, los placeres, el genio, el codiciar lo ajeno, el descuidar deberes, las prácticas desordenadas y, en efecto, todos los variados acontecimientos de la vida.

6. El castigo no debe ser retenido, sino variado según el grado de la falta. Es importante también que la escala con que medimos los grados de mal sea bíblica. Los pecados directamente contra Dios, y las faltas morales, como la mentira, la pasión y el tomar algo que no les pertenece, reclaman el castigo más severo, y nunca deben pasarse sin corrección. En tanto que los accidentes por descuido, aunque nos ocasionen un daño serio, deben sin embargo visitarse con una pena más leve, por no ser faltas intencionales. Sobre el modo de castigo, el lector hallará valiosas observaciones en este volumen.

Fuente y atribución

Autor original: Edward Bickersteth

Título original: Christian Parenting — parte 4

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Edward Bickersteth, publicado originalmente en Grace Gems.

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