«Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna» (Juan 6:68).
Estas son las palabras de Pedro, en respuesta a la pregunta: «¿Queréis acaso iros también vosotros?», que dirigió nuestro bendito Señor a los doce cuando muchos de sus seguidores le abandonaban. Sin duda, esta pregunta los conmovió hasta lo más vivo; y la respuesta de Pedro debió expresar muy bien los sentimientos de todos ellos, excepto el del traidor. Podemos imaginarlos fácilmente a todos, dispuestos a exclamar: «¡Cómo, Señor! ¿Dejarte a Ti, en quien está toda nuestra esperanza? ¿Dejarte a Ti, que nos has librado de la muerte espiritual? Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna».
Y, Señor, ¿a quién o adónde podría ir—si me apartara de Ti? ¿Al mundo—a sus placeres vacíos y sus vanos deleites?
¡Cómo! ¿Dejaré la porción del hijo—por las algarrobas que comen los cerdos?
¡Cómo! ¿Abandonaré la fuente de aguas vivas—por cisternas, cisternas rotas que no pueden retener el agua?
¡Cómo! ¿Me apartaré de tu enseñanza infalible y alentadora—por la necedad de la filosofía humana?
¡Cómo! ¿Dejaré la luz del sol—por el brillo vacilante de una luciérnaga?
Si me apartara de Ti, Señor, ¿adónde podría ir para el perdón?
¿Adónde iría para la paz de la conciencia? ¿Adónde iría para ayuda en la aflicción? ¿Adónde iría para vida y salvación?
Señor, ¿a quién podría ir? «Tú tienes palabras de vida eterna».
Fuente y atribución
Autor original: Autor desconocido
Título original: Lord, to whom could I go?
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Autor desconocido, publicado originalmente en Grace Gems.