Su falta no fue que sirviera: la condición de siervo conviene a todo cristiano. "Yo sirvo" debería ser el lema de todos los príncipes de la familia real del cielo. Tampoco fue su falta que tuviera "mucho servicio." No podemos hacer demasiado. Hagamos todo lo que nos sea posible; que la cabeza, el corazón y las manos estén ocupados en el servicio del Maestro. No fue falta suya estar atareada preparando un banquete para el Maestro. Feliz Marta, de tener la oportunidad de entertainar a un huésped tan bendito; y feliz también de tener el ánimo para entregarse de todo corazón a la tarea. Su falta fue que se vio "abrumada con mucho servicio," de modo que lo olvidó a él y solo recordó el servicio. Permitió que el servicio se impusiera a la comunión, y así presentó un deber manchado con la sangre de otro.
Debemos ser Marta y María en uno: hacer mucho servicio y tener mucha comunión al mismo tiempo. Para ello necesitamos mucha gracia. Es más fácil servir que comulgar. Josué nunca se cansó de combatir contra los amalecitas; ¡pero Moisés, en la cima del monte en oración, necesitó dos ayudantes para sostenerle las manos! Cuanto más espiritual es el ejercicio, más pronto nos cansamos en él. Los frutos más escogidos son los más difíciles de criar. Las gracias más celestiales son las más difíciles de cultivar.
Amados, sin descuidar las cosas externas, que de por sí son suficientemente buenas, debemos también procurar disfrutar de comunión viva y personal con Jesús. Cuidemos que el sentarnos a los pies del Salvador no sea descuidado, aunque sea bajo el especioso pretexto de servirle. Lo primero para la salud de nuestra alma, lo primero para su gloria y lo primero para nuestra propia utilidad es guardarnos en perpetua comunión con el Señor Jesús, y procurar que la vital espiritualidad de nuestra piedad se mantenga por encima de todo lo demás en el mundo.
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: January 24 — Evening
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.