Cuán verdad es que nuestro Señor Jesucristo fue «inofensivo» porque fue «sin mancilla». En él no hubo pecado. Que su evangelio fuera piedra de tropiezo para escribas y fariseos, y que su cruz lo fuera para el mundo, no tiene nada de extraño: así fue entonces, así es ahora y así será hasta el fin. Pero nuestro Señor jamás, en ningún caso, dio ofensa innecesaria. Su corazón era demasiado tierno, su carácter demasiado bondadoso, su naturaleza demasiado santa para herir los sentimientos u ofender los sentimientos inocentes de otros. Caluniado por sus enemigos, incomprendido y abandonado por sus amigos, en ninguna ocasión replicó, injurió ni hirió, sino que, con la inofensividad de la paloma y la inocencia del cordero, no abrió su boca.
El deseo de evitar la ofensa no exige que comprometamos nuestra fe o profesación cristiana. En ninguna ocasión ocurrió así en la vida de Jesús. Cuando pudo haber evitado un lazo, apartado un golpe o escapado de una herida mediante la concesión, la conciliación o el compromiso, se mantuvo firme en su verdad y en el honor de su Padre, sin tambalearse. Aprendamos, pues, de él; sea este nuestro precepto rector, como lo fue de Cristo: «hablando la verdad en amor». Las ofensas vendrán, pues como «la cruz no ha dejado de ser piedra de tropiezo», no podemos sostener sus grandes verdades con pureza y fidelidad sin suscitar la hostilidad del mundo.
Y, sin embargo, la ley cristiana de «no dar tropiezo, ni a judíos, ni a gentiles, ni a la iglesia de Dios» sigue vigente. La misma mente de Cristo Jesús, al habitar en nosotros, nos llevará a respetar las convicciones, ser tiernos con los sentimientos, caritativos con las flaquezas y honrar las conciencias de otros cristianos que difieren de nosotros en cosas no esenciales para la salvación. Cuánto mal en el mundo, disensión en la iglesia y alejamiento en las familias se evitaría si se observara más plenamente el santo precepto de estas palabras de Jesús. Cuidemos nuestras palabras, motivos y acciones, no sea que, hiriendo a uno de los pequeñitos de Cristo, hiramos a Cristo mismo. Es imposible hacer un agravio o un favor a un verdadero creyente y no entrar en contacto personal con Jesús. ¡Señor, ayúdame a verte a ti en tus santos!
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Consider Jesus– in the Avoidance of Offence
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.