Solía ponerse vergüenza sobre los delincuentes mediante un escrito que notificaba el crimen por el cual padecían. Así pusieron uno sobre la cabeza de Cristo. Lo destinaban a su reproche, pero Dios lo dirigió de tal manera que incluso su acusación resultó para su honra.
Fueron crucificados con él al mismo tiempo dos ladrones. Él fue, en su muerte, contado entre los transgresores, para que nosotros, en nuestra muerte, fuéramos contados entre los santos. Aquí se registran las burlas y escarnios que recibió. Los enemigos de Cristo se esfuerzan por hacer creer a otros, acerca de la religión y del pueblo de Dios, lo que ellos mismos saben que es falso. Los principales sacerdotes y escribas, y los ancianos, reprochan a Jesús el ser el Rey de Israel. Mucha gente podría aceptar bien al Rey de Israel, si tan solo bajara de la cruz; si pudieran tener su reino sin la tribulación por la cual deben entrar en él. Pero si no hay cruz, entonces no hay Cristo, no hay corona. Los que quieran reinar con él deben estar dispuestos a padecer con él. Así nuestro Señor Jesús, habiendo emprendido satisfacer la justicia de Dios, lo hizo sometiéndose al castigo de los peores hombres. Y en cada mínimo detalle registrado acerca de los sufrimientos de Cristo, hallamos cumplida alguna predicción en los Profetas o en los Salmos.
La muerte de Cristo (
Fuente y atribución
Autor original: Religious Tract Society
Título original: Devotional and Practical Commentary — Matthew 27:35-44
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Religious Tract Society, publicado originalmente en Grace Gems.