En la sepultura de Cristo no hubo nada de pompa ni solemnidad. Así como Cristo no tuvo una casa propia donde recostar su cabeza mientras vivió, tampoco tuvo un sepulcro propio donde depositar su cuerpo cuando murió. Nuestro Señor Jesús, que no tuvo pecado propio, no tuvo sepulcro propio.
Los judíos determinaron que él hiciera su sepultura con los impíos, que fuera enterrado con los ladrones con quienes fue crucificado; pero Dios lo sobrellevó de tal modo que fuera con los ricos en su muerte, Isaías 53:9. Y aunque ante los ojos del hombre contemplar un funeral pueda causar terror, sin embargo, si recordamos cómo Cristo, con su sepultura, ha cambiado la naturaleza del sepulcro para los creyentes, debería hacernos regocijar. Y siempre hemos de imitar la sepultura de Cristo, ocupándonos continuamente en la sepultura espiritual de nuestros pecados.
El sepulcro asegurado (
Fuente y atribución
Autor original: Religious Tract Society
Título original: Devotional and Practical Commentary — Matthew 27:57-61
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Religious Tract Society, publicado originalmente en Grace Gems.