¡Qué dulzura hay en la palabra «saciar»! El mundo no puede saciar al hijo de Dios. ¿No hemos procurado, algunos de nosotros tal vez por muchos años, obtener alguna satisfacción de él? Pero, ¿pueden la esposa o el esposo «saciarnos»? ¿Pueden los hijos o los parientes «saciarnos»? ¿Pueden todo lo que el mundo llama bueno o grande «saciarnos»? ¿Pueden los placeres del pecado «saciarnos»? ¿No hay en todo ello un vacío doloroso? ¿No cosechamos insatisfacción y desilusión de todo lo que es de la criatura y de la carne? ¿No comprobamos que poco más que tristeza se recoge de todo en este mundo? Yo seguro que hallo, y he hallado por algunos años, que poco más se puede recoger del mundo que desilusión, insatisfacción, «vanidad y aflicción de espíritu». El pobre alma mira en torno al mundo y a la criatura, a todas las ocupaciones, los pasatiempos y las relaciones de la vida, y halla todo una mies melancólica, de modo que todo lo que recoge es tristeza, perplejidad e insatisfacción.
Cuando un hombre es llevado aquí, a needing satisfacción, a algo que le haga feliz, algo que llene el vacío doloroso, algo que recoja los huesos quebrados, las heridas sangrantes y las llagas leprosas, y después de haberlo mirado todo, doctrinas, opiniones, nociones, especulaciones, formas, ritos y ceremonias en la religión, el mundo con todos sus encantos y el yo con todas sus variadas operaciones, y no haber hallado sino amargura de espíritu, vexación y troubling en todo, y así se hunde como un miserable, entonces, cuando el Señor le abre algo del pan de vida, halla una satisfacción que nunca pudo obtener de ninguna otra parte. Y esa es la razón por la cual el Señor aflige tanto a su pueblo; por qué algunos llevan consigo tabernáculos tan débiles y sufrientes, por qué algunos tienen tantas penas familiares, por qué otros están tan profundamente sumidos en la pobreza, por qué otros tienen hijos tan rebeldes, y por qué otros están tan ejercitados con tristezas espirituales que apenas saben cuál será el fin. Todo es con un solo propósito: hacerlos miserables fuera de Cristo, insatisfechos excepto con el alimento del evangelio; volverlos tan desgraciados e incómodos que sólo Dios pueda hacerlos felices, y sólo Él pueda hablar consolación a sus mentes atribuladas.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: June 12
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.