Noé, advertido por Dios, preparó un arca para salvación de su casa. Lot, amonestado por los ángeles, huyó de Sodoma. Así hay una huida de la ira venidera. ¡Cuán descuidados, cuán seguros e indiferentes somos hasta que se nos aviva con vida espiritual! Salomón habla de los que duermen en la punta del mástil, donde un sacudón de la ola o un vuelco del durmiente pueden precipitarlo al océano espumoso. La ira de Dios se acumula contra un mundo impío. ¿Quién escapará de esta tormenta formidable de ira eterna e incontenible? Los que huyen a Jesús. ¿Quiénes huyen a Jesús? Sólo los que sienten su necesidad de él. ¿Cómo se les hace sentir esa necesidad? Por los relámpagos de la ira de Dios. ¿De dónde brotan esos relámpagos? Del nublado de truenos de la santa ley de Dios, la revelación que ha hecho de su enojo contra los transgresores. ¡Cuán necesario es, entonces, sentir la aplicación de la ley a la conciencia, experimentar lo que Job llama "los terrores de Dios", para que Jesucristo, que es "escondedero contra la tempestad", sea visto y refugiado!
Es como la advertencia dada en Egipto del granizo: "El que temió la palabra de Jehová entre los siervos de Faraón hizo huir a sus siervos y su ganado a las casas; mas el que no se cuidó de la palabra de Jehová dejó en el campo a sus siervos y su ganado" (Éxodo 9:20, 21). La fe cree lo que la incredulidad escarnece. Cual su naturaleza y operación, tal su fin. La fe acaba en salvación; la incredulidad en perdición.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: September 12
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.