«Mis ovejas oyen mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy vida eterna, y jamás perecerán; nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre, que me las ha dado, es mayor que todos; y nadie puede arrebatarlas de la mano de mi Padre.» Juan 10:27-29
No podemos guardarnos a nosotros mismos. Uno fuerte, el Dios todopoderoso, nos sostiene en su abrazo divino. No somos una hoja arrojada sobre el mar agitado de la vida, impulsada a merced del viento y de las olas. Estamos bajo el divino resguardo. Nuestra seguridad no depende de nuestra fe débil y vacilante, sino de la omnipotencia, el amor y la fidelidad del Dios inmutable y eterno. Mientras confiamos en Él, jamás podemos hundirnos en ninguna tempestad. Ningún poder en el universo puede arrebatarnos de sus manos. Ni la muerte, ni la vida, ni lo presente, ni lo por venir, pueden separarnos de su amor.
«Mi ayuda viene del Señor, que hizo los cielos y la tierra. No dará tu pie al resbaladero; tu guardador no se adormecerá. El Señor es tu guardador; el Señor es tu sombra a tu mano derecha. El Señor te guardará de todo mal; él guardará tu alma. El Señor guardará tu salida y tu entrada desde ahora y para siempre.» Salmo 121
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: Divine keeping
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.