Mañana y noche

Su amor enciende el nuestro

Todo amor sincero hacia Jesús nace del amor de Dios y debe ser nutrido desde el cielo, pues el amor solo puede alimentarse del amor.

No hay luz en el planeta que no proceda del sol; y no hay amor verdadero hacia Jesús en el corazón que no venga del propio Señor Jesús. De esta fuente desbordante del amor infinito de Dios debe brotar todo nuestro amor hacia Él. Esta debe ser siempre una gran y cierta verdad: le amamos por ninguna otra razón sino porque Él nos amó primero. Nuestro amor hacia Él es el amable fruto de su amor hacia nosotros. Una admiración fría, al estudiar las obras de Dios, cualquiera puede tenerla; pero el calor del amor solo puede encenderse en el corazón por el Espíritu de Dios. ¡Qué gran maravilla que gente como nosotros haya sido llevada alguna vez a amar a Jesús! ¡Cuán admirable que, cuando habíamos rebelado contra Él, buscara atraernos de vuelta mediante una demostración de amor tan asombroso! No; jamás habríamos tenido ni un grano de amor hacia Dios si no hubiera sido sembrado en nosotros por la dulce semilla de su amor.

El amor hacia Jesús, entonces, tiene por padre al amor de Dios derramado en el corazón; pero, después de haber nacido así de manera divina, debe ser alimentado divinamente. El amor es una planta exótica; no es una planta que florezca naturalmente en el suelo humano, sino que debe ser regada desde lo alto. El amor hacia Jesús es una flor de naturaleza delicada, y si no recibiera más alimento que el que pudiera extraerse de la roca de nuestros corazones, pronto se marchitaría. Así como el amor viene del cielo, así debe alimentarse de pan celestial. No puede existir en el desierto a menos que sea alimentado con el maná que viene de lo alto. El amor debe alimentarse del amor. El alma y la vida misma de nuestro amor a Dios es su amor hacia nosotros.

Fuente y atribución

Autor original: Charles Spurgeon

Título original: June 11 — Morning

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.

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