Destellos desde las ventanas de la vida

Su vigilancia que nunca duerme

Una reflexión devocional sobre la mirada constante de Dios, que nos ve en todo lugar y en toda hora, trayendo consuelo e inspiración para vivir agradándole.

"Tú eres el Dios que me ve." Génesis 16:13

A dondequiera que vayamos, no podemos escapar de la mirada serena y clara del ojo divino. Ni en las profundidades azules de los cielos, ni en los abismos oscuros del sepulcro, podemos escondernos de Dios. Si tomáramos los rayos del sol matutino como alas y voláramos en ellos con toda la rapidez de la luz hasta los confines más remotos del espacio, no podríamos salir del alcance del ojo divino. Si nos deslizamos en la oscuridad, una oscuridad tan profunda y densa que ningún ojo humano puede contemplarnos, aún así Dios nos ve con la misma claridad que si estuviéramos de pie bajo el brillante sol del mediodía. Las tinieblas no nos ocultan de Él. La noche brilla ante sus ojos con el mismo resplandor que el día.

Cuando sabemos que Dios nos ama, hay un consuelo infinito en este pensamiento de su vigilancia que nunca duerme. ¡Es nuestro Padre quien nos vigila! También debería haber un maravilloso estímulo e inspiración en esta conciencia: mientras el ojo del amor divino está posado sobre nosotros, ¡debemos esforzarnos siempre por agradarle en todas las cosas!

"Si me elevo sobre las alas del alba, si me establezco en el lado más lejano del mar, aun allí tu mano me guiará, tu diestra me sostendrá. Si digo: "Ciertamente las tinieblas me ocultarán, y la luz se hará noche alrededor de mí", aun las tinieblas no serán oscuras para ti; la noche brillará como el día, porque las tinieblas son como la luz para ti." Salmo 139:9-12

Fuente y atribución

Autor original: J. R. Miller

Título original: His unsleeping watchfulness

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.

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