Cada creyente debería tener sed de Dios, del Dios vivo, y anhelar subir al collado del Señor y verle cara a cara. No deberíamos descansar satisfechos en las brumas del valle cuando la cumbre del Tabor nos espera. Mi alma tiene sed de beber a grandes sorbos de la copa reservada para los que alcanzan la cima del monte y bañan sus frentes en el cielo. ¡Cuán puros son los rocíos de los collados, cuán fresco el aire de la montaña, cuán rico el manjar de los moradores de las alturas, cuyas ventanas miran a la Nueva Jerusalén!
Muchos santos se contentan con vivir como hombres en minas de carbón, que no ven el sol; comen polvo como la serpiente, cuando podrían gustar el manjar ambrosíaco de los ángeles; se conforman con vestir el atuendo del minero, cuando podrían vestir ropas de rey; las lágrimas desfiguran sus rostros, cuando podrían ungirlos con aceite celestial. Más de un creyente se consume en un calabozo, cuando podría pasearse por el techo del palacio y contemplar la buena tierra y el Líbano. ¡Despierta, oh creyente, de tu baja condición! Echa de ti tu pereza, tu letargo, tu frialdad, o cualquier cosa que interfiera con tu amor casto y puro hacia Cristo, el Esposo de tu alma. Hazle la fuente, el centro y la circunferencia de todo el ámbito de delicias de tu alma.
¿Qué te fascina hasta tal necedad, como para permanecer en un foso cuando puedes sentarte en un trono? No vivas en los valles de la servidumbre, ahora que la libertad del monte te ha sido conferida. No descanses más satisfecho con tus enanos logros, sino avanza hacia cosas más sublimes y celestiales. ¡Aspira a una vida más alta, más noble y más plena! ¡Hacia arriba, al cielo! ¡Más cerca de Dios!
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: November 23 — Evening
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.