«En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.»
Cualquier conocimiento nocional que los hombres tengan de las verdades divinas, tal como se proponen doctrinalmente en la Escritura, si no las conocen en su relación con la persona de Cristo, como fundamento de los designios de Dios; si no discernieran cómo proceden de Él y convergen en Él, no habrá en sus entendimientos luz espiritual que salve; pues toda vida y luz espirituales están en Él, y provienen de Él solamente. La diferencia entre creyentes e incrédulos, en cuanto al conocimiento, no reside tanto en la materia de su conocimiento como en la manera de conocer. Algunos incrédulos pueden saber más y decir más de Dios, de sus perfecciones y de su voluntad, que muchos creyentes; pero no saben nada como debieran, nada de manera recta, nada espiritual y salvíficamente, nada con una luz santa y celestial. La excelencia del creyente no consiste en tener grandes comprensiones de las cosas, sino en que lo que sí comprende (que quizá sea muy poco), lo ve a la luz del Espíritu de Dios, en una luz salvadora que transforma el alma. Y esto es lo que nos da comunión con Dios, y no pensamientos inquisitivos ni nociones curiosamente forjadas. En este conocimiento, Señor, hazme crecer cada día, disponiéndome a sentarme a Sus pies y aprender de Él como Él, en Su amor gracioso, juzgue conveniente enseñarme. Jesús, sé mi maestro, pues nadie enseña como Tú. Si Tú me enseñas, seré verdaderamente sabio.
Fuente y atribución
Autor original: Carl Heinrich von Bogatzky
Título original: A Golden Treasury for the Children of God — March 15
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Carl Heinrich von Bogatzky, publicado originalmente en Grace Gems.