Palabras de consuelo divino

Trae tus diezmos y recibe la bendición de Dios

El Señor pide traer todos los diezmos sin reserva y desafía a probar su fidelidad, prometiendo abrir las ventanas del cielo y derramar bendición hasta que sobreabunde.

Los propósitos de sabiduría y los pensamientos de amor del Señor no están destinados a adelantarse en la práctica a las obligaciones y esfuerzos personales de su pueblo, ni a suplantarlos. Él hará plena y fielmente su parte, pero espera que ellos hagan la suya con la misma plenitud y fidelidad. Deben rodar la piedra del sepulcro, y él entonces lo abrirá y llamará de nuevo a la vida la misericordia sepultada y llorada. Deben traer sus diezmos y ofrendas a su casa, y él entonces, como muestra de su aceptación y prueba de su fidelidad y amor, derramará abundantemente sus bendiciones en su seno.

«Traed todos los diezmos.» Alma mía, ¿qué traerás? Señor, traigo un corazón pecador, una naturaleza depravada, una mano vacía, un alma necesitada. Esto es todo lo que tengo. No me atrevo a hablar de mi fe, pues es tan débil; ni de mi amor, pues es tan fluctuante; ni de mi servicio, pues es tan imperfecto. Hablaré sólo de tu justicia. Pero recuerda que no ha de guardar parte del diezmo, pues él te manda traer todo a su alfolí. Señor, que no haya reserva alguna, mental, espiritual o práctica, en mis ofrendas; toma lo primero, lo mejor, toma mi todo, tú que te diste a ti mismo y todo lo que tienes por mí.

«Probadme ahora en esto», dice el Señor. ¡Oh amor condescendiente! ¡Oh gracia admirable! Acércate, alma mía, y toma a Jesús en su palabra. Prueba su amor, y ve si no te abraza. Prueba su poder, y ve si no te libra. Prueba su gracia, su plenitud, su sangre, su invitación, su simpatía y su fidelidad, y ve si no te basta, te perdona, te recibe, te consuela y cumple todo lo prometido, sin dejarte jamás ni abandonarte. Yo te he probado, Señor, mil veces, y nunca te he hallado falto. Cuando el diezmo de la oración y de la fe se trae sin reserva, se abre la ventana de los cielos y desciende la bendición, tan grande, copiosa y abundante que no habrá bastante lugar para recibirla.

Fuente y atribución

Autor original: Octavius Winslow

Título original: THE TITHES BROUGHT--THE BLESSING GIVEN

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.

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