La cruz ha de ser tomada — no simplemente soportada cuando es puesta sobre el hombro. Esto implica un sufrimiento voluntario y gozoso por Cristo. Algunas personas soportan las pruebas — pero siempre con quejas. El espíritu de estas palabras requiere alegría en el sufrimiento por Cristo. La mitad de la prueba desaparece — si la afrontamos con este espíritu gozoso.
Obsérvese además que es su cruz — y no la de algún otro — la que cada uno ha de tomar. Es la cruz particular que Dios pone a nuestros pies — la que debemos llevar. Nunca hemos de hacernos cruces a nosotros mismos — sino aceptar siempre las que nos son asignadas. La cruz propia de cada uno — es la mejor para él. A veces pensamos que nuestra situación es especialmente difícil, y la comparamos con la de esta o aquella persona — y deseamos tener su cruz en lugar de la nuestra. Pero no sabemos cuáles son en realidad las cruces de otras personas. Si lo supiéramos — quizá no querríamos el cambio. La cruz que parece tejida de flores, si la ponemos sobre nuestros hombros — podríamos hallar que está llena de espinas afiladas bajo las flores. La cruz de oro que parece tan brillante — la encontraríamos tan pesada que nos aplastaría. La cruz más fácil de llevar para cada uno — es la suya propia.
Hay una manera de quitar las cruces de nuestra vida por completo. Un padre se lo explicó así a su hijo. Tomando dos pedazos de madera, uno más largo que el otro, dijo: «Que el pedazo más largo represente la voluntad de Dios, y el más corto tu voluntad. Si coloco los dos pedazos uno al lado del otro, paralelos entre sí, no hay cruz; solo cuando coloco el pedazo más corto cruzado sobre el más largo puedo formar una cruz. Así, puede haber una cruz en mi vida únicamente cuando mi voluntad se cruza con la de Dios, cuando no puedo decir: 'Hágase tu voluntad.' Si mi voluntad se somete dulcemente a la suya — no hay cruz».
La manera de quitar las cruces es, por tanto, aceptar siempre con gozo, por amor a Él — cualquier prueba, dolor o pérdida que Dios envíe.
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: No Cross, No Crown!
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.