Yacer con corazón quebrantado y espíritu contrito a los pies del trono de misericordia, suplicando a Dios que nos enseñe, es en verdad un lugar bendito en el cual estar. Es la evidencia de un espíritu de hijo, y muestra tal sencillez, realidad y genuinidad que lleva estampadas las marcas indubitables del verdadero discipulado. Dondequiera que veamos tal salida de uno mismo, con renuncia a la propia sabiduría, fuerza y justicia, tal rechazo de toda religión de la criatura, y un espíritu tan genuino de humildad ante Dios, hemos de recibirlo como algo más allá y por encima de la naturaleza. Sólo el poder de Dios parece capaz de sacar tan plenamente a un alma de la cáscara y costra del propio merecimiento y de exponer así su desnudez espiritual delante de él.
Naturalmente hay algo muy dulce en ver una disposición dócil y enseñable. Y, por otro lado, pocas cosas hay más ofensivas que el orgullo de la ignorancia, la abominable vanidad de quienes creen saberlo todo cuando en realidad nada saben, pero son demasiado soberbios para ser enseñados. El único camino al conocimiento es poseer un espíritu manso, enseñable e inquisitivo, una disposición a aprender que brota de la conciencia de la propia ignorancia. Este espíritu es el que a veces vemos en los niños, y no hay espectáculo más grato para un padre o un maestro que ver a un niño dócil, buscando con empeño información y feliz de recibir instrucción. Si algo puede abrir la boca para enseñar, es hallar tal disposición para aprender.
Así es en la gracia: donde hay un espíritu humilde, sosegado y dócil, parece extraer del corazón y de la boca del Señor aquellos secretos de la sabiduría celestial que oculta a los demás; como habló en los días de su carne: "Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas de los sabios y entendidos, y se las has revelado a los niños." Los niños son aquellos que son enseñables y semejantes a un niño, y a ellos, como tales, Dios revela los tesoros de su sabiduría celestial.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: February 16
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.