Sea un corazón que respira y siente, pero sin inclinación ni afinidad por ninguna de las cosas que lo rodean; y, en estado de abandono desalentador, no estaría vivo sino a la carga de su propia conciencia, y la sentiría insoportable. Para su dueño no haría diferencia alguna habitar en medio de un mundo alegre y hermoso, o, colocado muy lejos, más allá de los confines de la creación, habitar como unidad solitaria en una oscura y despoblada nada. El corazón ha de tener algo a que asirse, y nunca, por su propio consentimiento voluntario, se despojará de sus afectos de modo que no quede un solo objeto que pueda atraerlo o llamarlo.
La sobreindulgencia de los afectos produce hastío del mundo
La miseria de un corazón así privado de todo gusto por aquello que solía darle gozo se ejemplifica de manera sorprendente en quienes, hartos de indulgencia, han sido tan recargados, por así decirlo, por la variedad y la intensidad de las sensaciones placenteras que han experimentado, que al fin se hallan fatigados más allá de toda capacidad de sensación. La enfermedad del hastío es más frecuente en la metrópoli francesa, donde el entretenimiento es de modo más exclusivo la ocupación de las clases altas, que en la metrópoli británica, donde los anhelos del corazón se diversifican más con los recursos de los negocios y la política.
Están los devotos de la moda, que de este modo han llegado al fin a ser víctimas del exceso fashionable: en quienes la misma multitud de sus goces ha extinguido al último su capacidad de gozo; quienes, teniendo a su disposición las gratificaciones del arte y la naturaleza, miran ahora todo lo que los rodea con un ojo de desabrimiento; quienes, apremiados con los deleites de los sentidos y del esplendor hasta el cansancio, e incapaces de deleites más altos, han llegado al fin de toda su perfección, y como Salomón antaño, la han hallado vanidad y aflicción.
El hombre cuyo corazón ha sido así convertido en un desierto puede dar testimonio del languor insostenible que ha de sobrevenir cuando un afecto es así arrancado del pecho sin otro que lo reemplace. No es necesario que un hombre reciba dolor de algo para volverse miserable. Basta con que mire con desagrado a todo; y en aquel asilo que es el depósito de mentes desencajadas, y donde el órgano del sentir lo mismo que el órgano del intelecto ha sido dañado, no es en la celda de los gritos estridentes y desenfrenados donde nos encontraremos con la cumbre del sufrimiento mental. Sino que es aquel individuo que derrama en desdicha sobre todos sus semejantes, quien, a lo largo de toda la extensión de la naturaleza y la sociedad, no tiene ningún objeto con poder para interesarlo; quien, ni en la tierra debajo ni en el cielo arriba, conoce un solo encanto al que su corazón pueda enviar un movimiento de deseo o de respuesta; para quien el mundo, en su ojo una vasta y vacía desolación, no le ha dejado nada sino su propia conciencia de la que alimentarse, muerto a todo cuanto está fuera de él, y vivo solo a la carga de su propia existencia torpe e inútil.
Aun la resolución más fuerte no basta para desalojar un afecto dejando un vacío
Fuente y atribución
Autor original: Thomas Chalmers
Título original: The Expulsive Power of a New Affection — parte 4
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Thomas Chalmers, publicado originalmente en Grace Gems.