¡Qué Dios tan poderoso tenemos! Y ¿qué convendría a nuestra condición sino un Dios poderoso? ¿No tenemos pecados formidables, pruebas formidables, tentaciones formidables? ¿No tenemos enemigos y temores formidables? Y ¿quién nos ha de librar de tan numeroso ejército sino el Dios poderoso? No basta un Dios pequeño; su pueblo necesita un Dios poderoso, porque se halla en circunstancias donde solo un Dios poderoso puede intervenir en su favor.
Si no conociéramos por experiencia nuestros grandes pecados, nuestras grandes pruebas, nuestras grandes tentaciones y nuestros grandes temores, no necesitaríamos un Dios poderoso. Este sentir de nuestra debilidad y su poder, de nuestra miseria y su misericordia, de nuestra ruina y su restauración, de la abundancia de nuestro pecado y la superabundancia de su gracia nos lleva a tener tratos personales y experimentales con Dios; y es en estos tratos personales donde consiste la vida de toda religión.
¡Qué religión tan muerta, pobre e inútil es aquella en la que no hay tratos personales con Dios! Sin invocar su santo nombre desde un corazón sincero, sin buscar su rostro o implorar su favor, sin postrarse a sus pies pidiéndole que aparezca, sin un caso lastimoso del cual tener compasión, sin heridas que sanar, sin lepra que limpiar, sin enemigos que derrotar, sin temores que disipar, y casi diría, sin un alma que salvar. Y, sin embargo, esa es la religión de miles: se acercan a Dios con los labios, pero su corazón está lejos de Él. Si ustedes difieren de ellos y necesitan un Dios cercano y no lejano, un Dios poderoso en medio mismo de su alma, de sus pensamientos, deseos y afectos, pueden bendecirle por la gracia que les ha hecho diferentes, y someterse agradecidos a los sufrimientos y pruebas como medios en su mano para acercarlos a Él.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: December 26
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.