Mañana y noche

Un Dios que responde a cada oración

A lo largo de la vida, el creyente acude a Dios como mendigo constante, y recibe respuestas tan numerosas como sus peticiones, lo cual debe llenar el corazón de gratitud.

¡Qué multitud de oraciones hemos elevado, desde el primer momento en que aprendimos a orar! Nuestra primera oración fue una oración por nosotros mismos; pedimos que Dios tuviera misericordia de nosotros y borrara nuestro pecado. Él nos oyó. Pero cuando hubo borrado nuestros innumerables pecados, entonces tuvimos más oraciones por nosotros mismos. Hemos tenido que orar por gracia santificadora, por gracia que nos constriñe y nos refrena; hemos sido llevados a anhelar un nuevo aseguramiento de fe, la confortable aplicación de la promesa, el libramiento en la hora de la tentación, la ayuda en el tiempo del deber y el socorro en el día de la prueba. Hemos sido compelidos a acudir a Dios por nuestras almas, como mendigos constantes, pidiéndolo todo.

Dad testimonio, hijos de Dios: nunca habéis podido conseguir nada para vuestras almas en otro lugar. Todo el pan que vuestra alma ha comido ha descendido del cielo; y toda el agua de la que ha bebido ha brotado de la roca viva, Cristo Jesús el Señor. Vuestra alma nunca se ha enriquecido en sí misma; siempre ha sido una pobre pensionista de la generosidad diaria de Dios; y por eso vuestras oraciones han ascendido al cielo por una gama de misericordias espirituales casi infinita. Vuestras necesidades eran innumerables, ¡y por tanto los suministros han sido infinitamente grandes! Vuestras oraciones han sido tan variadas como las misericordias han sido incontables. ¿No tenéis entonces motivo para decir: «Amo al Señor, porque ha oído la voz de mi súplica»? Pues así como vuestras oraciones han sido muchas, así también han sido las respuestas de Dios a ellas. Él os ha oído en el día de angustia, os ha fortalecido y os ha ayudado incluso cuando le deshonrasteis temblando y dudando ante el trono de la misericordia. Recordad esto, y dejad que llene vuestro corazón de gratitud hacia Dios, que así bondadosamente ha oído vuestras pobres y débiles oraciones. «Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides ninguno de sus beneficios!»

Fuente y atribución

Autor original: Charles Spurgeon

Título original: February 6 — Morning

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.

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