La primera parte de esta petición, «perdona nuestros pecados», no es tan difícil de decir. La mayoría de las personas están dispuestas a confesar, al menos de manera general, que han pecado.
Pero la segunda parte es más difícil de repetir: «como nosotros perdonamos a los que pecan contra nosotros». Cuando alguien nos ha hecho un agravio y sentimos amargura por ello, entonces no resulta tan sencillo pedir a Dios que nos perdone como nosotros perdonamos. Quizá no perdonamos en absoluto, sino que conservamos en el corazón el sentimiento amargo contra nuestro hermano.
¿Qué es, entonces, lo que pedimos a Dios que haga por nosotros cuando oramos: «Perdónanos como perdonamos»? Dios ha unido en esta petición la bendición y el deber. Si no queremos perdonar a los que nos han ofendido, es evidente que no poseemos el espíritu de arrepentimiento al que Dios concede el perdón de los pecados. Si deseamos disfrutar de la dulce paz de Dios en nuestro propio corazón, debemos mantener nuestra mente libre de toda amargura, de todo enojo y de todo sentimiento de falta de perdón.
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: A Forgiving Spirit
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.