Antes de poder sostenernos firmemente en las cosas de Dios necesitamos un buen fundamento, algo sólido sobre lo que descansar nuestra fe, nuestra esperanza, nuestro amor, nuestro todo. Esto es lo que Dios promete cimentar para su Sion afligida: "Cimentaré tus fundamentos con zafiros." "Un regalo", leemos, "es piedra preciosa a los ojos del que lo tiene." Así, todo testimonio que Dios da al alma, toda promesa traída al corazón, toda manifestación de misericordia, toda visita de amor o aplicación de verdad, podemos llamarlo en sentido espiritual un zafiro, pues es ciertamente una piedra preciosa radiante con el matiz del cielo. Cuando Dios coloca así sus zafiros en el alma, dan un fundamento sólido para la fe; y como los coloca su propia mano, han de ser firmes; y como son zafiros, han de ser indestructibles.
Es cierto que estos zafiros pueden quedar todos sepultados bajo el polvo de la carnalidad y la mundanalidad; que la inmundicia y el fango de nuestra naturaleza caída pueden pasar sobre ellos oleada tras oleada. Pero ¿quedan dañados por ello? ¿Se altera su naturaleza, se menoscaba su valor, se empaña su color, se apaga su brillo? Pueden quedar ocultos, su engaste oscurecido y su faz empañada por un tiempo, pero un rayo del Sol de justicia los volverá a la luz; un toque de la mano del que pule restaurará toda su hermosura. La gracia no tiene más comunión con el pecado que un diamante con un muladar.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: July 12
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.