El sacerdocio y la ley por los cuales no podía venir la perfección han sido abolidos; ha surgido un Sacerdote y se ha establecido ahora una dispensación por la cual los verdaderos creyentes pueden ser perfeccionados. Que existe tal cambio es evidente. La ley que instituyó el sacerdocio levítico mostraba que los sacerdotes eran criaturas frágiles y mortales, incapaces de salvar sus propias vidas, y mucho menos de salvar las almas de los que se acercaban a ellos. Pero el Sumo Sacerdote de nuestra profesión ejerce su oficio por el poder de una vida indefinible en sí mismo; no solo para conservarse vivo, sino para dar vida espiritual y eterna a todos los que se apoyan en su sacrificio e intercesión. El mejor pacto, del cual Jesús fue fiador, no se contrasta aquí con el pacto de obras, por el cual todo transgresor queda encerrado bajo la maldición. Se distingue del pacto del Sinaí con Israel y de la dispensación legal bajo la cual la iglesia permaneció por tanto tiempo. El mejor pacto trajo a la iglesia y a cada creyente a una luz más clara, una libertad más perfecta y privilegios más abundantes. En el orden de Aarón había una multitud de sacerdotes, y de sumos sacerdotes uno tras otro; pero en el sacerdocio de Cristo hay solo uno y el mismo. En esto consiste la seguridad y la dicha del creyente: que este Sumo Sacerdote eterno es poderoso para salvar hasta lo sumo, en todos los tiempos y en todos los casos. Ciertamente, entonces, nos corresponde desear una espiritualidad y santidad tan superiores a las de los creyentes del Antiguo Testamento como nuestras ventajas exceden a las de ellos.
La fe y la esperanza de la iglesia alentadas a partir de esto (
Fuente y atribución
Autor original: Religious Tract Society
Título original: Devotional and Practical Commentary — Hebrews 7:11-25
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Religious Tract Society, publicado originalmente en Grace Gems.