«Aunque Juan nunca realizó una señal milagrosa, todo lo que Juan dijo de este hombre era verdad.» Juan 10:41
Es un testimonio muy envidiable el que se rinde acerca de Juan el Bautista, después de que él mismo ha partido a Dios, desde la oscuridad y la angustia de la prisión. No hizo ningún milagro — pero todo lo que dijo de este Hombre era verdad. No puedo codiciar corona más radiante.
Yo no puedo hacer milagro alguno — ¡cuán cierto es! Luz celestial, fortaleza espiritual, descanso tras el cansancio, vida después de la muerte, el gozo inefable y lleno de gloria — no están en mi mano darlos. Muy circunscritos son mis poderes, muy escaso mi conocimiento; mi voz no puede penetrar los lugares profundos del alma; mi tacto no puede impartir salud, bendición y el nuevo día. Debo contentarme con ocupar un pequeño espacio, y ser incluido entre la tropa incontable de Dios.
Pero puedo señalar a hombres, mujeres y niños a Jesús el Cristo; y todas las cosas, las más vastas, las más profundas, las más sublimes que yo diga de Él quedarán por debajo de la gloriosa verdad. Es una bendición indecible ser tan solo un heraldo del Rey de la gracia. Y cuando Él venga a ellos, cuando ellos vengan a Él — descubrirán que no hay nadie como Él en la tierra ni en el cielo. Confesarán: «¡Ni la mitad se nos contó!»
Y, sin embargo, tal vez en esa hora de revelación, de emancipación, de transfiguración — se acuerden de mí, que los guié a Él. Y darán gracias a Dios por mí; y siempre, en su pensamiento, a través del tiempo y la eternidad, estaré yo de algún modo unido a Él, que es toda su Salvación y todo su Deseo. ¡Entonces mi copa rebosará!
Fuente y atribución
Autor original: Alexander Smellie
Título original: The Hour of Silence — John 10:41
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Alexander Smellie, publicado originalmente en Grace Gems.