¡Una santa vergüenza!
«Pues tuve vergüenza de pedir al rey soldados y jinetes que nos acompañaran y nos protegieran de los enemigos en el camino. Después de todo, le habíamos dicho al rey—Nuestro Dios protege a todos los que le adoran, pero su furor se enciende contra los que le abandonan.» Esdras 8:22
Por muchas razones, una escolta del rey habría sido deseable para la caravana de peregrinos—pero una santa vergüenza no permitió a Esdras pedirla. Temía que el rey pagano pensara que sus profesiones de fe en Dios —eran mera hipocresía, o que imaginara que el Dios de Israel no era capaz de preservar a sus propios adoradores. Esdras no podía decidirse a apoyarse en un brazo de carne en un asunto tan evidentemente del Señor; y por eso la caravana partió sin protección visible, custodiada solo por Aquel que es la espada y el escudo de su pueblo.
Es de temer que pocos creyentes sientan este santo celo por Dios. Aun los que en cierta medida andan por fe, de vez en cuando empañan el brillo de su vida—al buscar la ayuda del hombre. ¡Es una cosa muy bendita no tener puntales ni contrafuertes de la criatura —sino mantenerse erguido sobre la Roca de los Siglos, sostenido por el Señor solamente!
¿Acaso buscarían los verdaderos creyentes subsidios del Estado para su Iglesia—si recordaran que el Señor es deshonrado al pedir la ayuda de César? ¡como si el Señor no pudiera suplir las necesidades de su propia causa! ¿Correríamos tan presurosos a amigos y parientes en busca de ayuda—si recordáramos que el Señor es magnificado por nuestra confianza implícita en su brazo, solo? ¡Alma mía, espera solo en Dios!
«Pero», dice uno, «¿no se deben usar los medios?» Sin duda se usan—pero nuestra falta rara vez está en descuidarlos —con mucha mayor frecuencia nace de creer neciamente en ellos—en lugar de creer en Dios. Pocos se exceden en descuidar el brazo de la criatura—pero muchísimos pecan grandemente al darle demasiada importancia. Aprende, querido lector, a glorificar al Señor dejando sin probar los medios—si al usarlos deshonrarías el nombre del Señor.
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: Spurgeon Treasures — A holy shame!
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.