No se discutirá que la verdadera prueba de la excelencia es su mayor aproximación a la perfección, y a nada se aplica esta regla con más rigor que al carácter cristiano. Considerados en lo esencial, no puede haber diferencia entre un creyente y otro: ambos son igualmente objetos del amor de Dios y sujetos de su gracia regeneradora. Pero no puede negarse que hay una diferencia grande y marcada en la influencia moral que un cristiano ejerce respecto a otro. En la medida de su gracia, en el vigor de su fe, en el brillo de su santidad y en la gloria que rinde a Dios, puede decirse de la iglesia en la tierra, como de la del cielo, que una estrella difiere de otra. Y a qué se debe esta variación: indudablemente a una diferencia en el tono de la mente espiritual. El uno vive bajo un patrón cristiano bajo; el otro, bajo uno alto.
La última etapa de la vida de un cristiano así no puede menos de ser peculiarmente interesante e impresionante. Pero con cuánta mayor razón conviene que el cristiano se preocupe de cómo debe vivir, en lugar de anticipar con vanas y estériles especulaciones la pregunta de cómo ha de morir. Es la vida, y no la muerte, la que ofrece la evidencia más satisfactoria y segura de una conversión verdadera. Como decía el excelente John Newton: «No me digas cómo murió un hombre; dime más bien cómo vivió». Que la religión de una persona sea una encarnación viva y práctica del noble sentimiento de Pablo, «Para mí el vivir es Cristo», y no necesita angustiarse por su postrer cambio: ese cambio, sea cual sea el que Dios disponga, será su ganancia.
No siempre una vida de trascendente belleza, la belleza de la santidad, se cierra con una partida de interés y grandeza correspondientes. Como para ilustrar la importancia de una vida santa, Dios a veces ha defraudado una expectativa demasiado curiosa y ha llevado a su hijo, no en un carro de fuego, sino de nube. En otros casos, sin embargo, rastreamos la armonía entre una vida eminentemente piadosa y una muerte singularmente dichosa. Tan extraña y hermosamente se parecen ambas, que sería difícil decidir cuál honraba más a Dios: la vida que muere o la muerte que vive. Ambas eran, de modo eminente, vida en Jesús.
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Evening Thoughts - December 23
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.