Una buena conciencia es también un ayuda del gozo. Quien vive descuidando los mandamientos de Dios se está forjando a sí mismo la infelicidad. El pecado tiene sus placeres, pero al final produce una cosecha de abrojos y espinas. Los años postreros son campos en los que llegan a su madurez las siembras de los años anteriores. Si vivimos con desobediencia y egoísmo, entonces estamos destruyendo nuestro propio gozo y preparando amargura para nosotros mismos. Pero si vivimos una vida santa, entonces estamos escribiendo la música de dulces canciones que resonarán en nuestro corazón en los días venideros, y aun en la noche de nuestro dolor. Nada contribuye tanto a nuestra felicidad como un pasado bien vivido. Las buenas obras, los ministerios amables, las bondades desinteresadas y las palabras de ayuda que se han pronunciado formarán un recuerdo de gozo.
¡Qué cosa tan maravillosa es la memoria! Hay un relato persa de un rey que dedicó una sala de su palacio para que fuera una cámara de la memoria. En ella guardaba los recuerdos de sus días de juventud, antes de que el favor real lo hubiera levantado de su lugar humilde a una posición de honor. Era una pequeña habitación, con suelo desnudo; y allí conservaba su cayado, su zurrón, su vestido burdo y su cántaro de agua, cosas que habían pertenecido a su vida de pastor. Cada día se apartaba durante una hora del esplendor de su palacio y entraba en esa humilde sala para revivir por un tiempo entre los recuerdos de su juventud feliz. Dulcísimos eran sus recuerdos; y con su visita diaria su corazón se mantenía cálido y tierno en medio de toda la pompa y el fausto, y de todas las pruebas y pesares de su vida pública.
Sería un maravilloso promotor del gozo que cada cual, en medio de las responsabilidades y los cuidados de la vida, de sus tentaciones y sus luchas, conservara una cámara así de la memoria, llena de los recuerdos de los días felices de la juventud. La mayoría de nosotros envejece demasiado pronto. Olvidamos las alegrías de la niñez al tomar tan temprano las cargas serias de la madurez. Deberíamos guardar una sala en nuestro corazón como una cámara de tesoros para las dulces alegrías que hemos dejado atrás. La memoria tiene un poder admirable para crear gozo en nosotros.
Estos son algunos de los muchos caminos en que se promueve el gozo. Dios ha hecho muchísimo para hacernos felices. Él quiere que estemos gozosos. La palabra «gozo» viene de una raíz que significa ser luminoso, brillar: Dios quiere que seamos cristianos luminosos y resplandecientes. En la Biblia se dice mucho acerca del deber de los cristianos de ser luces en el mundo. Somos lámparas que Dios enciende, para que demos luz a todos los que están en la casa. Se nos advierte especialmente contra dejar que nuestra luz se atenúe o se oscurezca de cualquier manera. Debemos ser luz siempre, no solo de día, sino especialmente en las tinieblas, pues es allí donde más que nunca el mundo necesita la luz de nuestra lámpara. Nada oculta la luz más rápida ni más eficazmente que la infelicidad. Un cristiano debe ser una lámpara que brille siempre, no solo en el tiempo de prosperidad, sino también en el día de la adversidad. Pecamos contra Dios y robamos al mundo su bendición cuando nuestro gozo nos falla.
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: A Holy Life and Good Conscience Inspire Songs
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.