La vida de Cristo para cada día

Unos griegos desean ver a Jesús

Unos gentiles buscan a Cristo, y él responde con la promesa del grano de trigo que muere, revelando que su muerte atraerá a judíos y gentiles a la gloria.

¿Quiénes eran estos griegos que deseaban tanto ver a Jesús? Eran gentiles, criados en la religión griega, pero que la habían abandonado por el culto al Dios verdadero. No podemos maravillarnos de que anhelaran ver al gran profeta de Nazaret, cuyas alabanzas resonaban en toda Jerusalén. Debieron desear algo más que un simple verle. Zaqueo sólo deseó verle cuando subió al sicómoro, pero estos griegos parecen haber querido una entrevista. Deseaban conversar con el Señor. No era fácil obtener acceso a alguien que siempre estaba rodeado de multitudes. ¿Quién abriría paso a los gentiles para que se acercaran a él, a los gentiles, considerados como el desecho de la tierra por los judíos orgullosos y sectarios? Por eso estos griegos acudieron al apóstol Felipe. Parece que él dudaba si el Señor los recibiría, pues primero consultó con Andrés, su conciudadano, y luego ambos juntos se lo dijeron a Jesús. No se vuelve a mencionar a estos griegos; pero conocemos demasiado bien el amor que Cristo sentía por los pobres gentiles para dudar de cómo los recibiría. Si alguna vez hubieran conversado con el centurión romano o con la mujer cananea, no habrían temido un rechazo. El centurión habría dicho: «Yo pensaba que no era digno de que él entrara bajo mi techo, y ¡he aquí! me recibió como a un hijo.» La cananea habría dicho: «Me contenté con ser un perrillo, digno sólo de comer las migajas que caían de la mesa de los hijos, y ¡he aquí! me llamó su hija.» Nadie que conociera su amor condescendiente temería jamás un recibimiento frío por parte del Amigo de los pecadores.

Su respuesta a Felipe y a Andrés estaba dispuesta para animar a los griegos, lo mismo que a los judíos, a confiar en él. Cuando dijo que un grano de trigo, si muere o se pudre en la tierra, dará mucho fruto, ¿no aludía a la salvación de los gentiles, así como de los judíos, por medio de su muerte? La simiente a veces se echa en la tierra y nunca brota; a veces brota, pero produce poco fruto; pero Jesús murió y fue sepultado para resucitar y llevar muchos hijos e hijas a la gloria. No le bastaría al Hijo de Dios salvar a unas pocas almas: sabía, antes de padecer, que rescataría de la miseria eterna a una multitud que nadie puede contar. Pero sabía también que esta multitud debía sufrir mucha tribulación. Por eso exhortaba continuamente a todos los que se acercaban a él a ser fieles hasta la muerte. ¡Con qué afecto prometió que sus compañeros en el sufrimiento serían sus compañeros en la gloria, diciendo: «Donde yo estoy, allí estará también mi siervo»!

Los griegos habían deseado una entrevista pasajera con Jesús, pero aquí había una promesa de su presencia para siempre jamás. Nosotros nunca hemos visto al Hijo del Hombre como apareció en la tierra en los días de su humillación; pero, si le amamos, le veremos; le veremos no como fue, sino como es; le veremos como se le describe en Apocalipsis 10, «envuelto en una nube, con un arco iris sobre su cabeza, su rostro como el sol y sus pies como columnas de fuego.» Y cuando le veamos como es, seremos semejantes a él. Los que le vieron como era no fueron hechos semejantes a él por la vista. Pero él ha hecho esta promesa a sus siervos: «Verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes» (Ap. 22:4).

Fuente y atribución

Autor original: F. L. Mortimer

Título original: Some Greeks desire to see Jesus

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de F. L. Mortimer, publicado originalmente en Grace Gems.

Comparte esta lectura