La vida de Cristo para cada día

Velad porque el Señor volverá sin aviso

Cristo ocultó el tiempo de su venida para que su pueblo vele siempre, pues tanto la muerte como el regreso del Señor llegan de improviso; el único refugio seguro es Cristo mismo.

¿Por qué el Señor ocultó a todos el tiempo de su segunda venida? No sabemos por qué lo ocultó a los ángeles o a los demonios, pero sí sabemos por qué lo ocultó a los hombres: para que estuvieran velando por su retorno. Él dijo: «Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor.» El que nos hizo conoce todos los resortes secretos de nuestra naturaleza. Sabe que cuando tenemos mucho tiempo por delante nos inclinamos a la holgazanería. Hay un espíritu de pereza y dilación que se apodera de nuestros corazones, y nada lo vence tanto como la idea de que la oportunidad para la acción pronto puede haber pasado. Aunque nuestro Señor parezca tardar, nunca debemos dejar de creer que él pronto vendrá. Como está escrito: «Porque aún un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará.» Cuando hemos estado esperando a un amigo durante mucho tiempo, al fin nos cansamos de aguardar y «lo damos por perdido.» Decimos: «Seguro que ya no vendrá.» Y, con todo, a veces llega precisamente cuando lo hemos dado por perdido. Nunca debemos dejar de esperar a Cristo, pues él ha prometido positivamente que vendrá. Pero no ha prometido prolongar nuestras vidas hasta su retorno. Millones han caído en la tumba durante su ausencia, y es muy probable que nosotros descendamos a la nuestra.

El día de la muerte es tan incierto como el día de su retorno. Mueren los jóvenes lo mismo que los ancianos, los sanos lo mismo que los enfermizos, los precavidos lo mismo que los aventureros. Todos sabemos que hoy mismo podemos morir. No se requiere fe para creer que podemos morir, pues la razón nos convence de este hecho. Sin embargo, ¿no es notable que la muerte generalmente llegue de manera inesperada, incluso para los ancianos? Han vivido tanto que naturalmente imaginan que vivirán aún más. Han visto la flecha de la destrucción pasar tantas veces junto a ellos, atravesando a sus compañeros pero perdonándolos a ellos, que sus temores se aquietan y sus corazones se adormecen en el reposo. A menudo sucede que, justo cuando los hombres han hecho sus planes para una larga vida, la muerte repentina los visita. Una casa acaba de ser construida y un jardín plantado, cuando el que construyó y plantó es llamado a habitar en otra morada y a caminar por otras regiones. Estas muertes inesperadas dicen con voz fuerte a los vivos: «Estad también vosotros preparados.»

Pero, ¿qué pasaría si, en lugar de la muerte, viniera el Señor? Su retorno causaría más alarma de la que la muerte jamás haya causado. Cuando la muerte ataca a un hombre impío, sus sentidos suelen estar embotados por la enfermedad; es menos capaz de sentir alarma que cuando goza de plena salud. Pero cuando Cristo vuelva, encontrará a sus enemigos lúcidos y fuertes. Un enfermo suele abrigar esperanzas de recuperación hasta cerca de su última hora; pero cuando Cristo vuelva, los impíos no verán vía de escape. Los amigos rodean el lecho del moribundo; unos le consuelan y le adulan, otros le aconsejan y le animan; pero cuando el Juez aparezca, los impíos quedarán solos para afrontar su terrible destino, sin un brazo amigo que les preste auxilio, sin un ojo compasivo que derrame una lágrima, sin una lengua piadosa que eleve una oración. ¿Deseamos escapar a los terrores de aquel instante terrible? Sólo hay un refugio cierto: el Señor Jesús, que está ahora dispuesto a oír nuestras oraciones, a perdonar nuestros pecados, a conceder su gracia y a ser nuestro escondedero en el día de la angustia. Si despreciamos esta preciosa oportunidad, él vendrá sobre nosotros como ladrón, y no sabremos a qué hora vendrá sobre nosotros.

Fuente y atribución

Autor original: F. L. Mortimer

Título original: Christ counsels his disciples to watch for his return

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de F. L. Mortimer, publicado originalmente en Grace Gems.

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