"Por tanto, velad, porque no sabéis cuándo el señor de la casa volverá — si en la tarde, o a la medianoche, o cuando cante el gallo, o al amanecer." Marcos 13:35
Será bueno que, en la tranquila hora vespertina, me acostumbre a la oración y a la meditación de las cosas que no se ven y son eternas. Entonces estaré preparado para dar la bienvenida a mi Señor, si en el oscurecer Él se detuviera en mi puerta y me llamara.
Así, cuando despierte de mi sueño y la penumbra me rodee, debo acostumbrar a mi mente a volverse instintivamente hacia Cristo y el Cielo, como la aguja imantada que, tras toda desviación, tiembla volviendo al Polo. Entonces no seré tomado por sorpresa, si de pronto, mientras el mundo entero duerme, mi Rey me convocara.
El amanecer, recuerdo, era el momento escogido por Henry Vaughan para el retorno del Señor. Por ello debería levantarme temprano, alerta y activo. Y los primeros pensamientos del nuevo día deberían centrarse en mi Maestro, en su amor y en su mandamiento. Ven, alma mía, y conságrate de nuevo a Él. Entonces estaré listo si Él dijere: Amigo, sube más arriba.
Así, al volver de nuevo a mis tareas terrenales, debo cuidar que mi espíritu descanse y que mi vida esté escondida con Cristo en Dios. Debo resolverme a trabajar como quien contempla el mundo invisible y al Señor invisible. Entonces estaré desapegado del presente, si, en un momento feliz, Él me lleva al futuro eterno.
No sé cuándo vendrá Él de nuevo; debo estar siempre despierto, pues no querría avergonzarme delante de Él en su aparición.
Fuente y atribución
Autor original: Alexander Smellie
Título original: The Hour of Silence — Mark 13:35
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Alexander Smellie, publicado originalmente en Grace Gems.