El Señor Jesús habló por medio del ángel, confirmando solemnemente el contenido de este libro, y particularmente el de esta última visión. Él es el Señor Dios, fiel y verdadero. También por sus mensajeros: los santos ángeles se los mostraron a los santos hombres de Dios. Son cosas que pronto deben cumplirse; Cristo vendrá pronto y pondrá todo fuera de duda. Y por la integridad de aquel ángel que había sido el intérprete del apóstol. Este se negó a aceptar la adoración religiosa de Juan, y lo reprendió por ofrecérsela. Esto presenta un nuevo testimonio contra la adoración idolátrica de los santos y de los ángeles. Dios llama a todos a ser testigos de las declaraciones aquí hechas. Este libro, así mantenido abierto, tendrá efecto sobre los hombres: los inmundos e injustos lo serán aún más, pero confirmará, fortalecerá y santificará más a los que son rectos para con Dios. Nunca pensemos que una fe muerta o desobediente nos salvará, pues el Primero y el Último ha declarado que solamente son bienaventurados los que guardan sus mandamientos. Es un libro que excluye del Cielo a toda persona impía e injusta, particularmente a los que aman y practican la mentira; por tanto, no puede él mismo ser una mentira.
No existe ningún lugar ni condición intermedios. Jesús, que es el Espíritu de profecía, ha dado a sus iglesias esta luz de la profecía, como albor de la mañana, para asegurarles la luz del día perfecto que se acerca. Todo se confirma con una invitación abierta y general a la humanidad, a venir y participar libremente de las promesas y de los privilegios del evangelio. El Espíritu, por la sagrada palabra, y por las convicciones y la influencia en la conciencia del pecador, dice: Venid a Cristo para salvación; y la esposa, o toda la iglesia, en la tierra y en el Cielo, dice: Venid y compartid nuestra dicha. No sea que alguno dude, se añade: Y el que quiera, o sea dispuesto, venga y tome del agua de la vida gratuitamente. Que todo el que oye o lee estas palabras desee al momento aceptar la graciosa invitación. Quedan condenados todos los que se atrevan a corromper o cambiar la palabra de Dios, ya sea añadiendo o quitando.
La bendición final (Apocalipsis 22:20,21)
Tras revelar estas cosas a su pueblo en la tierra, Cristo parece despedirse de ellos y regresar al Cielo; pero les asegura que no pasará mucho tiempo antes de que vuelva. Y mientras estamos ocupados en los deberes de nuestros distintos lugares en la vida; cualesquiera que sean los trabajos que nos prueben, las dificultades que nos rodeen, las tristezas que nos opriman, oigamos con gozo a nuestro Señor proclamar: He aquí, vengo pronto; vengo a poner fin al trabajo y al sufrimiento de mis siervos. Vengo, y mi galardón de gracia está conmigo, para recompensar, con regia generosidad, toda obra de fe y todo trabajo de amor. Vengo para recibir a mi pueblo fiel y perseverante a mí mismo, para habitar para siempre en aquel mundo dichoso. Amén; así sea, ven, Señor Jesús. Una bendición cierra el todo. Por la gracia de Cristo debemos ser guardados en la gozosa expectativa de su gloria, dispuestos para ella y preservados hasta ella; y su gloriosa aparición será gozosa para los que participan de su gracia y favor aquí. Todos añadan: Amén. Sedremos con fervor mayores medidas de los influyos de la gracia del bendito Jesús en nuestras almas, y de su graciosa presencia con nosotros, hasta que la gloria haya perfeccionado su gracia para con nosotros. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo; como fue en el principio, es ahora y siempre será, por los siglos de los siglos. Amén.
Fuente y atribución
Autor original: Religious Tract Society
Título original: Devotional and Practical Commentary — Revelation 22:6-19
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Religious Tract Society, publicado originalmente en Grace Gems.