«Pues aunque vivimos en el mundo, no libramos batallas como lo hace el mundo. Las armas con las que combatimos no son las armas del mundo. Al contrario, tienen poder divino para derribar fortalezas.» 2 Corintios 10:3-4
«Aunque vivimos en el mundo.»
Dios no me lleva, inmediatamente después de mi conversión, a la seguridad perfecta de su morada celestial. Me deja aquí por un tiempo, en un mundo que está lleno de tentación y de mal.
Tampoco quiere que me oculte de estos lazos y peligros, como hacen los monjes y las monjas, en clausura y reclusión monástica. En medio mismo de los atractivos y los peligros del mundo, me manda dar testimonio de Él y de mi Salvador. ¡Me muevo a través del corazón del territorio enemigo! Sí, y dentro de mí mismo, mientras permanezca de este lado de la herencia que Él me ha preparado, hay mil incitaciones a ceder ante el adversario. ¡Mi peligro es grande y perpetuo!
Pero no libramos batallas según la carne.
En verdad, las armas del mundo no servirían de nada en una lucha como la mía. Necesito ayudas más divinas, más espirituales, más celestiales. Y las tengo. Dios está por mí: sus ángeles, sus providencias, su pueblo, su Palabra, su Espíritu que habita en mí, Él mismo, en su sabiduría, santidad, justicia, bondad y verdad. ¡Yo habría sido confundido y derrotado antes de que pasara una hora, si no fuera por Él! Pero Él puede derribar fortalezas y toda cosa altiva que se levanta. Su gracia es suficiente. No hay nada demasiado difícil para Él. El Señor Todopoderoso es mi estandarte, mi Capitán, mi Vanguardia y también mi Retaguardia.
¡Que toda mi vida sea una vida de fe en Él! Del fausto y el poder del enemigo, de la astucia sutil y la dulzura venenosa del tentador — ¡huyo al Rey, mi Amigo!
Fuente y atribución
Autor original: Alexander Smellie
Título original: The Hour of Silence — 2 Corinthians 10:3-4
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Alexander Smellie, publicado originalmente en Grace Gems.