¿Cómo es conducido un hombre a desear ser «visitado» con la salvación de Dios? Primero debe saber algo de condenación. La salvación solo conviene al condenado. «El Hijo del hombre vino a buscar y salvar lo que se había perdido»; por tanto, la salvación solo conviene al perdido. Un hombre ha de estar perdido, utterly perdido, antes de poder estimar la salvación de Dios. ¿Y cómo se pierde? Perdiendo toda su religión, perdiendo toda su justicia, perdiendo toda su fuerza, perdiendo toda su confianza, perdiendo todas sus esperanzas, perdiendo todo lo que es de la carne; perdiéndolo al serle quitado y arrancado por la mano de Dios. El hombre llevado a ese estado de mendicidad absoluta y quiebra completa, a no ser nada, no tener nada, no saber nada, es el hombre que en las vigilias de medianoche, en sus horas solitarias, junto al hogar, y a veces casi de noche y de día, clama, gime, ruega, busca y ora por la manifestación de la salvación de Dios a su alma: «Visítame con tu salvación».
Necesita una visita de Dios; necesita que Dios venga y habite con él, tome posesión de su corazón, se descubra a él, le manifieste y revele, se siente con él, coma con él, camine con él y more en él como su Dios. Y un alma viva no se contenta con menos que esto. Poco le aprovecha leer en la Palabra de Dios lo que él hizo con sus santos de antaño; necesita algo para sí mismo, algo que haga bien a su alma, que la refresque, la consuele, la bendiga, quite sus cargas y la sosiegue en paz. Por eso necesita una visitación: que la presencia y el poder, la misericordia y el amor de Dios visiten su alma.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: May 28
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.