La soledad endulzada

Visitas cristianas que honran a Dios en toda conversación

Hacer y devolver visitas es cortés y amistoso; pero es triste que al convertirnos en visitantes dejemos de ser cristianos. Un día entero en jolgorio sin una palabra de piedad ni un pensamiento de Dios es un triste desperdicio de tiempo.

Hacer y devolver visitas es a la vez amistoso y socialmente habitual; pero es lamentable que, con demasiada frecuencia, cuando empezamos a ser 'visitantes', dejamos caer al cristiano. ¡Qué melanconía que no pueda saberse si somos turcos o cristianos cuando visitamos! Donde el entretenimiento no se distingue más que por ruido y sinsentido, estruendosas carcajadas, juegos de palabras y bufonería, es una pobre bienvenida la que damos a nuestros invitados y una vergonzosa correspondencia la que ofrecemos a nuestro anfitrión. Si en una casa hallamos profanidad y en otra necedad, quien menos visita menos sufrirá. Un día entero empleado en jolgorio, sin una sola palabra de piedad en ningún discurso y ni un pensamiento de Dios en ningún corazón, es un vacío espantoso y un triste desperdicio de tiempo.

Aunque en una comida amistosa o en un encuentro social no nos reunimos para predicar a los demás, sin embargo deberíamos reunirnos siempre para mejorarnos mutuamente en conocimiento útil. Una palabra seria 'dicha en el momento oportuno' podría brillar 'como manzanas de oro en cuadros de plata'. Tal conducta podría, a veces, aunque no a menudo, provocar la risa sarcástica contra nosotros. Pero la aprobación de Dios y el testimonio de una buena conciencia compensarán con facilidad esto. Si nuestra compañía es tal que no logramos introducir nada serio, regocijémonos de que no pueden impedir nuestras oraciones a Dios; y en nuestra meditación, retiremonos de cuando en cuando a conversar con lo alto.

En cuántas casas, en cuántas mesas, podría escribirse Icabod. La verdadera religión no está allí: ¡la gloria se ha apartado! En cualquier mesa en que nuestro Salvador, cuando estuvo en la tierra, se sentó, seguramente la enriquecía con algunos manjares celestiales y alimentaba a los presentes con verdad sagrada. Así debería ser nuestro empeño constante no salir jamás peor de ninguna compañía, sino mejor. Nunca deberíamos dejar a ninguna compañía peor por causa nuestra, sino mejor. ¿Por qué nuestra gracia, como el perfume precioso, no ha de manifestarse, lo queramos o no? En todas partes y en todo tiempo, en casa o fuera de ella, ya comamos o bebamos, recibamos o devolvamos visitas, y en toda compañía, deberíamos hacerlo todo para la gloria de Dios; Él nos da cuanto disfrutamos aquí abajo, y al fin nos hará sentar a la mesa de las bodas del Cordero, donde la conversación ensanchará, deleitará y arrebatará para siempre.

Fuente y atribución

Autor original: James Meikle

Título original: On Visits

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de James Meikle, publicado originalmente en Grace Gems.

Comparte esta lectura