No hay marca más fuerte del pueblo del Señor que su separación. Están separados del mundo, separados de sus familias, separados de su propia justicia y muchas veces separados del mundo religioso: un pueblo santo que el Señor ha apartado de todos los demás para apartarlo para sí. Es esta insignia distintiva de separación lo que el Señor quiere que sus santos conserven durante todo su peregrinaje. Vivimos en el mundo, nos mezclamos con él, tratamos con él y, en alguna medida, nos dejamos guiar por sus costumbres; con todo, necesitamos que se nos recuerde continuamente que, aunque vivimos en el mundo, no somos del mundo. «Yo os he escogido del mundo», dice el Salvador.
La religión de Cristo no es ascética ni monástica. No sabe nada de conventos ni de retiros que nos saquen de entre los hombres; eso sería contrario al genio social y espiritual del cristianismo. Lo que sí enseña es la crucifixión al mundo, la no conformidad con el mundo, la separación espiritual y marcada de sus placeres, sus vanidades, sus principios y su religión. Somos discípulos profesos de un Cristo celestial, seguidores de un Salvador que no es de este mundo. «Salgamos, pues, a él fuera del campamento, llevando su oprobio», manteniendo nuestras vestiduras consagradas sin mancha del mundo.
Sea nuestra separación del mundo una unión más estrecha con la Iglesia de Cristo en todas sus ramas y con Cristo mismo, su única Cabeza. La comunión con los santos nos hará un pueblo más marcado y distinto, y el mundo notará que somos del Señor. Alma mía, apártate de un mundo inmundo y contaminante. «Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él». ¡Señor, por tu cruz sea yo crucificado al mundo, y el mundo a mí!
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Separation from the Ungodly World
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.