La mentalidad celestial sólo puede mantenerse con la más estricta vigilancia. Es una flor delicada y frágil, sensible a toda variación de la atmósfera espiritual. Guárdala de cuanto reprime su crecimiento. Muchos no se dan cuenta de cuánto dañan a esta comunión con Dios los excesos de ánimo, la conversación liviana, las burlas, las bromas a expensas de la santidad de la Escritura, la lectura de novelas y la música carnal; todo ello apaga el tono espiritual del alma. La comunión estrecha con meros profesantes nominales debe evitarse en particular, pues daña más la espiritualidad que la amistad con quienes no profesan religión alguna, ya que con los primeros solemos bajar la guardia. Huye de los placeres del mundo, pues corroerán como gangrena el centro mismo de tu espiritualidad. «No os conforméis a este mundo» es una prohibición; «nuestra ciudadanía está en los cielos» es una exhortación que jamás debe apartarse de los ojos del peregrino de la ciudad celestial.
Y ¿por qué no habría de estar nuestra ciudadanía en el cielo? ¿No son muchas y poderosas sus atracciones? Es un lugar santo, y el lugar de los santos. Allí está la ciudad del Dios vivo, la Jerusalén celestial, una innumerable compañía de ángeles, la congregación y asamblea de los primogénitos inscritos en los cielos, Dios el Juez de todos, los espíritus de los justos hechos perfectos y Jesús el Mediador del nuevo pacto. ¡Cuán rico es el cielo, y allí estaremos pronto nosotros! Recordemos que cuando el sumo sacerdote entraba tras el velo, llevando en sus manos la sangre de la expiación y el incensario, los ojos de la congregación seguían sus pasos hasta que la cortina lo ocultaba. Muchos corazones expectorantes le seguían dentro, y muchos ojos anhelosos aguardaban su retorno para bendecir al pueblo.
Nuestro gran Sumo Sacerdote ha entrado tras el velo. Como nuestro Abogado, llena la alta cancillería del cielo. Nos ama, nos recuerda, simpatiza con nosotros, intercede por nosotros y lleva nuestros nombres en su pectoral y su efod. Pronto volverá en persona, para bendecir con la gloria de la primera resurrección a cuantos aman su aparición. ¿No estarán nuestros corazones allí donde está nuestro tesoro más precioso, donde se centran nuestras esperanzas más santas y queridas, y donde nosotros mismos estaremos pronto? Que el Señor nos conceda experimentar cada vez más que «la mente espiritual es vida y paz»; y para alcanzar este estado bendito, vivamos del Señor Jesús, seamos llenos del Espíritu, acudamos con frecuencia al confesionario de Dios y, tomando nuestra cruz cada día, avancemos hacia arriba y hacia adelante, negando toda impiedad y concupiscencias mundanas, y viviendo sobria, justa y piadosamente en este siglo presente, aguardando la esperanza bienaventurada y la aparición gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo.
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Evening Thoughts - April 8
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.