Comentario Devocional y Práctico

Vivir según el Espíritu, no según la carne

Los creyentes, unidos a Cristo por la fe, son librados de la condenación: su nueva vida se prueba por andar según el Espíritu y no según la carne.

Los creyentes pueden ser castigados por el Señor, pero no serán condenados con el mundo. Por su unión con Cristo mediante la fe, quedan así asegurados. ¿Cuál es el principio de su conducta: la carne o el Espíritu, la vieja o la nueva naturaleza, la corrupción o la gracia? ¿Para cuál de estos hacemos provisión, por cuál somos gobernados? La voluntad no renovada es incapaz de guardar plenamente ningún mandamiento. Y la ley, además de los deberes externos, requiere obediencia interna. Dios mostró su aborrecimiento del pecado mediante los sufrimientos de su Hijo en la carne, para que la persona del creyente pudiera ser perdonada y justificada. Así se hizo satisfacción a la justicia divina, y se abrió el camino de la salvación para el pecador.

Por el Espíritu la ley del amor está escrita en el corazón, y aunque la justicia de la ley no es cumplida por nosotros, con todo, bendito sea Dios, es cumplida en nosotros; hay en todos los verdaderos creyentes aquello que responde a la intención de la ley. El favor de Dios, el bienestar del alma, los intereses de la eternidad, son las cosas del Espíritu, en las que se ocupan los que andan según el Espíritu. ¿Hacia dónde se dirigen nuestros pensamientos con mayor placer? ¿Hacia dónde van nuestros planes y designios? ¿Somos más sabios para el mundo, o para nuestras almas? Los que viven en placer están muertos, 1 Timoteo 5:6. Un alma santificada es un alma viviente; y esa vida es paz. La mente carnal no solo es enemiga de Dios, sino enemistad misma. El hombre carnal puede, por el poder de la gracia divina, ser hecho sujeto a la ley de Dios, pero la mente carnal jamás podrá; esta debe ser quebrantada y expulsada.

Podemos conocer nuestro verdadero estado y carácter indagando si tenemos o no el Espíritu de Dios y de Cristo, versículo 9. Vosotros no estáis en la carne, sino en el Espíritu. Tener el Espíritu de Cristo significa tener una inclinación de la mente en algún grado semejante a la mente que hubo en Cristo Jesús, y ha de manifestarse por una vida y una conversación acordes con sus preceptos y su ejemplo.

Sus privilegios como hijos de Dios (

Fuente y atribución

Autor original: Religious Tract Society

Título original: Devotional and Practical Commentary — Romans 8:1-9

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Religious Tract Society, publicado originalmente en Grace Gems.

Comparte esta lectura