Pensamientos vespertinos

Volver al primer amor con arrepentimiento sincero

Al creyente desviado se le llama a recordar su primer amor, aquel gozo del perdón y la dulce comunión con Dios. El regreso exige arrepentimiento, humillación en el polvo y volver a la cruz.

Que el creyente desviado sea llevado a este primer paso: «Recuerda de dónde has caído». Vuelve a tu historia pasada, a tu estado espiritual anterior. Recuerda tu primer dolor por el pecado, el primer gozo de su perdón, la primavera de tu primer amor. ¡Cuán precioso era Jesús! ¡Cuán gloriosa su persona, cuán dulce su cruz, cuán fragante su nombre, cuán rica su gracia! Recuerda cuán querido te era el trono de la gracia, con cuánta frecuencia acudías a él, teniéndolo por el lugar más bendito de la tierra. Recuerda cómo, bajo las unciones del amor adoptivo, caminabas con Dios como con un Padre; cuán filial, cuán íntima, cuán santa era tu comunión con Él.

Recuerda las temporadas de refrigerio en el santuario, en la reunión y en el aposento; cómo tu alma parecía habitar en las laderas soleadas de la gloria y anhelabas alas de paloma para volar a tu Señor. Recuerda cómo, pública y ante muchos testigos, te despojaste del pecado y te vestiste de Cristo, volviendo la espalda al mundo y tomando tu lugar entre los seguidores del Cordero. ¡Oh, recuerda de dónde has caído! Piensa desde qué elevada profesión, desde qué santo andar, desde qué santos empleos y santos gozos has declinado.

Pero en la exhortación a la iglesia desviada de Éfeso hay otra instrucción: «Arrepiéntete, y haz las primeras obras». ¿Cómo puede un alma apartada volver sin arrepentimiento? ¿Por qué otra senda puede el pródigo llegar al corazón de su Padre? El arrepentamiento implica la convicción de pecado. ¿Acaso no es pecado haber vuelto la espalda a Dios, haber perdido el primer amor, haber transferido los afectos de Él al mundo, a la criatura o a ti mismo? Sí; es un pecado contra Dios como Padre amante, contra Jesús como tierno Redentor, contra el Espíritu como fiel morador y santificador. Humíllate, pues, en polvo y cenizas ante la cruz, y por medio de esa cruz vuelve a levantar la mirada hacia tu Dios y Padre que perdona. La dulce promesa es esta: «Mirarán a aquel a quien traspasaron, y harán lamentación por él, como se lamenta por el unigénito hijo».

Fuente y atribución

Autor original: Octavius Winslow

Título original: Evening Thoughts - October 23

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.

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