Siempre digna de recordar es aquella mejor y más brillante hora, cuando por primera vez vimos al Señor, perdimos nuestra carga, recibimos el rollo de la promesa, nos gozamos en la salvación plena y seguimos nuestro camino en paz. Fue primavera en el alma; el invierno había pasado; los murmullos de los truenos del Sinaí se acallaron; los destellos de sus relámpagos ya no se percibían. Dios era contemplado como reconciliado; la ley no amenazaba venganza, la justicia no exigía castigo. Entonces aparecieron las flores en nuestro corazón: la esperanza, el amor, la paz y la paciencia brotaron del suelo; el jacinto del arrepentimiento, el narciso de la pura santidad, el azafrán de la fe áurea, el campanillo del amor temprano adornaron todos el jardín del alma. Llegó el tiempo del canto de las aves, y nos gozamos con acción de gracias; magnificamos el santo nombre de nuestro Dios perdonador, y nuestra resolución fue: "Señor, soy tuyo, totalmente tuyo. Todo lo que soy y todo lo que tengo lo consagraría a ti. Tú me has comprado con tu sangre; déjame gastarme y ser gastado en tu servicio. En vida y en muerte, ¡que sea yo consagrado a ti!"
¿Cómo hemos guardado esta resolución? Nuestro amor de desposorio ardía con santa llama de dedicación a Jesús; ¿es el mismo ahora? ¿No podría Jesús decirnos con razón: "Tengo algo contra ti, porque has dejado tu primer amor"? ¡Ay! es poco lo que hemos hecho para la gloria de nuestro Maestro. Nuestro invierno ha durado demasiado. Estamos fríos como el hielo, cuando deberíamos sentir el calor del verano y florecer con sagradas flores. Damos a Dios monedas, cuando merece riquezas; más aún, merece que la sangre de nuestro corazón sea acuñada en el servicio de su iglesia y de su verdad.
¿Pero continuaremos así? Oh Señor, después de habernos bendecido tan ricamente, ¿seremos ingratos y nos volveremos indiferentes a tu buena causa y obra? Oh, vivifícanos para que volvamos a nuestro primer amor y hagamos nuestras primeras obras. Envíanos una primavera benigna, oh Sol de Justicia.
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: February 11 — Evening
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.